Aquí una servidora, partidiaria de la integración de nuestras vidas a la revolución tecnológica que se va desarrollando a un ritmo tan vertiginoso, que incluso al más "in" le cuesta seguir.
Dicho lo cual, me da miedo imaginarme una clase de segundo de primaria sin lápices, ni libros, ni tizas, ni cuadernos.
Ya hemos asistido a políticas erróneas en las que, con la falsa creencia de "inversión" en educación, se regalan portátiles y tabletas a los alumnos, con el fin de que sean sustitos de los libros en el aula.
Y yo pienso:
"Permiten utilizar miles de recursos para el aprendizaje". Sí, como complemento. Al igual que lo han sido otros soportes como vídeos o audios. Porque, digo yo, ¿realmente vamos a enseñar a escribir a un niño en una tableta?
La mecanografía no es "escribir" en toda la extensión de la palabra, no desarrolla aspectos básicos y críticos de la motricidad, e implica pérdida del contacto con la realidad, de la expresión emocional y de la expresión de la personalidad.
Ésta última afirmación, a pesar de sonar un poco surrealista, tiene su fundamentación en los aspectos básicos de una ciencia muy apasionante y que se tiene muy poco en cuenta en la práctica educativa: la Grafología.
La letra de una persona nos aporta información sobre su personalidad, y en edades tempranas es una forma de expresión que va evolucionando y va formando parte de su carácter (hay alguna niña que de manera no formal, pone corazones en las íes o que subraya los títulos de un color y no de otro).
Además, el estudio del cambio y evolución de la grafía en niños y adolescentes, van dando buena cuenta de la madurez.
A menudo, los padres y profesores se afanan en "cambiar" la letra de un niño, y alguna vez he comentado que no debería ser esa la finalidad, sino que hay que trabajar en adaptarla al tamaño y forma adecuados para que sea LEGIBLE, ordenada y limpia, pero que siga siendo "a su manera", porque es una parte única y profunda del niño como individuo.
Por otra parte, la escritura, queramos o no, es un instrumento básico de memorización que resulta para muchos muy "ortodoxa", pero es tan necesaria. Hay cosas que se aprenden repitiéndolas y dándoles forma una y otra vez.
Todo ésto no quiere decir que las nuevas tecnologías no deberían estar presentes en las aulas a modo de conservadurismo: de hecho, todos los niños deberían saber utilizarlas y el cole debería a su vez impartirlas a modo de asignaturas y puntualmente de forma transversal.
Vivimos en éste mundo y no en otro, y son una realidad. Pero es una realidad que tiene que ser comedida y más aún si es un niño el que accede a ella, ya que su desarrollo físico y mental no podemos digitalizarlo -muy a nuestro pesar, como queremos hacerlo con todo!-. Son "analógicos".
"Una tableta o un ordenador que contenga los temarios de las asignaturas haría posible que los padres no tengan que pagar el costo tan elevado de los libros" Quien crea eso, va listo. Si hipotéticamente se da ésta situación, ese temario tendrá sus derechos de autor y su respectiva editorial. Y si ya de por sí el tema de los libros es un negocio muy lucrativo que el propio estado mantiene, sea en papel o digital, nos lo van a cobrar.
Eso por no contar el precio de las tabletas...o las van a subvencionar? Porque evidentemente, ésta última opción sería una tontería. Además, implicaría un sistema informático muy bien sincronizado que a día de hoy en los colegios es un poco de risa (los profesores dan buena cuenta de ello, cuando se conectan a las wi-fi de éstos y es todo un dolor de cabeza)
Aunque claro, si logramos que los hipotéticos contenidos digitales sean gratuitos, los editores podrían reinventarse como informáticos y seguirían haciendo un buen negocio, no?
Por supuesto, me parecería absurdo poner un objeto tan caro y "delicado" en manos de un niño de 9 años, a pesar de la considerable ventaja de que las mochilas serían mucho menos pesadas.
Y lo más importante:
¿Cómo podríamos enseñarles a querer, valorar y respetar un libro? Son más que un simple "soporte" en papel...son mundos que llevan en sí una historia, que nos acompañan en el bolso, que aguardan en una biblioteca o estantería. Que han pasado por distintas manos, que van dando cuenta del paso del tiempo, que se heredan, que se prestan -y algunos no se devuelven jejeje-, que huelen...
No quiero imaginar que los papás del futuro no se sienten en un sillón los domingos con un periódico (esos con hojas grandes, que se tocan y se compran en el quisco), despertando la cursiodidad de un pequeño quee intenta leer sus primeras palabras.
Así que, coge un libro, un periódico o un lápiz. Enseñemos a los más pequeños el verdero significado de "civilización", "ser humano" y "cultura".
Sapere Aude!!!

